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U C H A’ X I KNegreaba de zopilotes (..)Después fueron sacando a los hombres en grupos de 10 y los fueron matando a balazos, algunos lograron escapar por una ventana, pero solo tres sobrevivieron.SAM COLOP A un comisionado militar, un auxiliar y tres policías los ejecutaron dentro del juzgado. El Ejército incendió el juzgado y en vez de disparos lanzó granadas, uno de los allí encerrados, para no morir se tiró al suelo donde lo tiñó la sangre de los compañeros muertos y eso lo salvó porque lo creyeron muerto. Toda la tarde continuó así hasta que fue oscureciendo que el sobreviviente teñido de sangre escapó por la ventana, descalzo, para no llamar la atención con sus botas de hule, y se escondió detrás de una mata de maguey hasta las 11 de la noche, otro lo siguió, pero fue abatido a balazos. El sobreviviente empezó a caminar en la oscuridad y llegó de madrugada a Yulaurel, poblado cercano a la frontera con México, donde alertó a los vecinos de lo ocurrido en San Francisco. Este testigo dijo que estaba como loco por el trauma sufrido. Aquí Falla hace una comparación interesante citando a otro autor: un sobreviviente de Auschwitz dijo: “Llego a no poder deshacerme de la impresión de una atmósfera general de locura incontrolada que me parece única en la Historia”. Un víctimario de Ruanda relató: “Era una locura que rodaba sin ya ser más dirigida…”. Ya otro sobreviviente de la finca había escapado antes y llegó gritando a Yulaurel: “¡Se acabó San Francisco!”, que terminó siendo cierto, pero ese día la lluvia impidió que todas las casas y los cadáveres fueran quemados para no dejar huella de la masacre. Solo sobrevivió una mujer paralítica que se escondió como pudo entre la milpa y fue encontrada como una semana después, la llevaron a un hospital de Comitán, donde murió. Durante la masacre un kaibil extrajo el corazón de una víctima para comérselo, “celebración final como orgía de sangre”. Cuando se preguntó a algunos sobrevivientes quiénes cometieron la masacre su respuesta fue: “el Ejército del Gobierno, el Ejército de los ricos”. El total de masacrados fueron 302, los que sobrevivieron ya fallecieron y otro desapareció. Tiempo después, los huesos de los muertos fueron exhumados por la Fundación de Antropología Forense de Guatemala en otro lugar. De los que se fueron a refugiar a México regresaron 10 años más tarde, pero ya no a San Francisco, sino a Yulaurel. Por el lugar donde estuvo la finca, nos relata Ricardo Falla que pasan descendientes y familiares de las víctimas. No es centro de oración, y tratando de olvidar lo ocurrido no lo visitan, ahora es un potrero, al fondo quedan los restos de la pirámide de San Francisco y en el lugar, “el cedro que ‘negreaba de zopilotes’, días después de la masacre”.
fuente: http://www.prensalibre.com/opinion/Negreaba-zopilotes_0_495550527.html |
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